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El tipo de interés es la cantidad que un prestamista cobra a un prestatario por el préstamo de un activo, normalmente expresada como porcentaje del importe prestado.

Ese porcentaje suele referirse al importe que se paga cada año (lo que se conoce como tasa porcentual anual o APR), pero puede utilizarse para expresar pagos más o menos regulares.

Los tipos de interés pueden ser simples o compuestos.

El interés simple se deriva únicamente del préstamo original (conocido como principal).

El interés compuesto se calcula a partir del capital más los intereses devengados durante la vigencia del préstamo.

Así, si un préstamo de 100 dólares tiene un interés compuesto del 10 %, al cabo de un año el interés será del 10 % de 110 dólares (los 100 dólares originales más 10 dólares de intereses devengados).

La mayoría de los tipos de interés bancarios se derivan del tipo básico fijado por su banco central.

El tipo básico es el tipo al que los bancos comerciales pueden pedir préstamos a su banco central.

Los bancos centrales utilizan los tipos de interés para controlar la inflación y el gasto.

Al subir los tipos de interés, aumenta el coste de los préstamos y el beneficio del ahorro, lo que reduce el gasto.

Durante una recesión, muchos bancos centrales bajan los tipos de interés para fomentar el gasto.

Los cambios en el tipo básico pueden influir considerablemente en los mercados, por lo que son un acontecimiento importante para los operadores.

Los operadores también pueden especular sobre los cambios en los tipos de interés, ya sea a través de instrumentos como bonos o derivados.