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El dominio fiscal se refiere a una situación en la que la política fiscal (gasto y tributación) de un gobierno tiene prioridad sobre la política monetaria (acciones del banco central) en la configuración de la economía y los mercados financieros.

En tal escenario, la capacidad del banco central para controlar la inflación se ve socavada por las decisiones fiscales del Gobierno, en particular sus prácticas de endeudamiento y gasto.

Esto puede dar lugar a un traspaso de poder del banco central al Gobierno, lo que podría socavar la capacidad del banco central para controlar la inflación y mantener la estabilidad financiera.

¿Qué es el dominio fiscal?

El dominio fiscal se produce cuando la autoridad fiscal, como el departamento del tesoro o el ministerio de finanzas de un gobierno, se enfrenta a grandes déficits corrientes y a una carga de deuda que deja poco margen para un endeudamiento adicional.

fiscal dominance

Para financiar el gasto, el Gobierno recurre al banco central para que le ayude a financiar los déficits mediante la impresión de dinero.

En circunstancias normales, el banco central es independiente y persigue objetivos de política monetaria como el control de la inflación, la estabilización del empleo o la gestión del tipo de cambio.

Sin embargo, las presiones de financiación y las restricciones presupuestarias del gobierno obligan al banco central a subordinar sus objetivos de política para ayudar a satisfacer las necesidades de financiación del gobierno mediante una política monetaria flexible.

Las principales características del dominio fiscal son las siguientes:

  • Empréstitos del Gobierno: Cuando un Gobierno tiene altos niveles de deuda y sigue endeudándose ampliamente, puede presionar al banco central para que mantenga bajos los tipos de interés con el fin de reducir el costo de los empréstitos y evitar crisis de deuda.
  • Control de la inflación: El objetivo principal del banco central de controlar la inflación puede verse comprometido porque puede tener que adaptarse a las necesidades de financiación del Gobierno, incluso si ello implica permitir una mayor inflación.
  • Restricciones de la política monetaria: El banco central puede perder su independencia y eficacia, ya que sus decisiones de política se subordinan a las necesidades fiscales del gobierno.
  • Monetización de la deuda: En casos extremos, el banco central puede verse obligado a monetizar la deuda pública, lo que significa imprimir dinero para financiar el déficit del Gobierno, lo que puede conducir a la hiperinflación.
  • Impacto en la estabilidad económica: El dominio fiscal puede conducir a la inestabilidad económica, ya que el banco central no puede utilizar eficazmente sus herramientas para gestionar la economía. También puede erosionar la credibilidad del banco central, lo que conduce a mayores expectativas de inflación y a la incertidumbre económica.

Profundicemos en cada uno de ellos:

Préstamos del gobierno

Cuando un gobierno tiene grandes déficits presupuestarios y acumula altos niveles de deuda, puede necesitar pedir préstamos cuantiosos para financiar sus gastos.

Este endeudamiento puede presionar al banco central para que mantenga unos tipos de interés bajos con el fin de reducir los costes del servicio de la deuda pública.

Los altos niveles de endeudamiento público pueden desplazar la inversión privada, ya que el gobierno compite con el sector privado por los fondos disponibles, lo que puede dar lugar a un aumento de los tipos de interés si el banco central no lo acomoda.

Control de la inflación

El objetivo principal del banco central suele ser el control de la inflación. Sin embargo, en una situación de dominio fiscal, el banco central puede verse presionado para dar prioridad a la financiación de la deuda pública frente al mantenimiento de la estabilidad de los precios.

Esto puede ocurrir a través de mecanismos como el mantenimiento de tipos de interés artificialmente bajos o la compra directa de bonos del Estado (monetización de la deuda).

Como resultado,el control de la inflación pasa a ser secundario, lo que conlleva el riesgo de una mayor inflación si la economía se sobrecalienta debido a un gasto fiscal excesivo sin la correspondiente restricción monetaria.

Restricciones a la política monetaria

El dominio fiscal limita la capacidad del banco central para aplicar una política monetaria independiente. Las decisiones del banco central sobre los tipos de interés y otras herramientas monetarias quedan subordinadas a las necesidades fiscales del Gobierno.

Por ejemplo, incluso si las condiciones económicas justifican un aumento de los tipos de interés para combatir la inflación, el banco central puede mantenerlos bajos para que el servicio de la deuda pública sea más asequible.

Esto socava la independencia del banco central y limita su capacidad para alcanzar sus objetivos macroeconómicos, como controlar la inflación y estabilizar la economía.

Monetización de la deuda

En casos extremos, el banco central puede verse obligado a financiar directamente el déficit presupuestario del Gobierno mediante la impresión de dinero para comprar bonos del Estado.

Este proceso se conoce como monetización de la deuda.

Si bien proporciona fondos inmediatos al Gobierno, aumenta la oferta monetaria, lo que genera presiones inflacionistas. Si se mantiene, puede dar lugar a una hiperinflación, erosionando el poder adquisitivo de la moneda y provocando inestabilidad económica.

Repercusión en la estabilidad económica

El dominio fiscal puede provocar inestabilidad económica por varias razones.

En primer lugar, puede socavar la credibilidad del banco central, ya que los mercados y el público pueden percibir que la política monetaria está impulsada por necesidades fiscales y no por los fundamentos económicos.

En segundo lugar, los tipos de interés persistentemente bajos y la elevada inflación pueden distorsionar las decisiones de inversión y consumo, lo que conduce a una mala asignación de los recursos.

Por último, la erosión de la independencia del banco central puede aumentar la incertidumbre, ya que los participantes en el mercado se vuelven inseguros sobre la trayectoria futura de la política monetaria. Esta incertidumbre puede dar lugar a primas de riesgo más elevadas, una mayor volatilidad en los mercados financieros y una reducción del crecimiento económico.

¿Cómo se produce el dominio fiscal?

Algunas formas en que puede surgir el dominio fiscal son:

  • Grandes déficits presupuestarios: los déficits fiscales elevados y sostenidos requieren un aumento del endeudamiento público y de la emisión de deuda, lo que a su vez depende del apoyo del banco central.
  • Altos niveles de deuda: una deuda pública elevada reduce el margen de maniobra fiscal del Gobierno y su capacidad para financiar nuevos déficits, lo que le lleva a depender nuevamente del banco central.
  • Rescates financieros: los gobiernos pueden incurrir en déficits enormes y contraer una deuda pública masiva debido a los rescates del sector bancario o a los programas de estímulo económico en tiempos de crisis. Esto amplía las necesidades de financiación.
  • Control implícito del Gobierno: incluso sin grandes déficits o deuda, la influencia del Gobierno en los nombramientos y las operaciones puede influir en la toma de decisiones del banco central.

¿Cuáles son las consecuencias del dominio fiscal?

El dominio fiscal puede tener varias implicaciones:

  • Mayor inflación: la impresión de dinero para financiar los déficits conlleva el riesgo de una alta inflación, que el banco central trataría de evitar en otras circunstancias.
  • Distorsión de los tipos de interés: acomodar el endeudamiento público puede mantener los tipos demasiado bajos durante demasiado tiempo, en lugar de basarlos en las condiciones económicas.
  • Depreciación de la moneda: la expansión de la oferta monetaria de esta manera alimenta la presión a la depreciación de la moneda.
  • Restricción del margen de maniobra: las necesidades fiscales limitan la capacidad del banco central para utilizar la política monetaria de manera flexible con el fin de alcanzar sus objetivos macroeconómicos.
  • Monetización de la deuda: la monetización excesiva de la deuda socava la confianza en el compromiso del Gobierno con la prudencia fiscal.

¿Cuáles son algunos ejemplos de dominio fiscal?

Un ejemplo de dominio fiscal en Estados Unidos se puede observar durante y después de períodos significativos de gasto público, como en tiempos de guerra o de crisis económicas graves.

Un caso notable es el período posterior a la crisis financiera de 2008 y la Gran Recesión que le siguió.

Crisis financiera posterior a 2008

En respuesta a la crisis financiera, el Gobierno de los Estados Unidos aplicó paquetes de estímulo fiscal a gran escala para estabilizar la economía. La Ley de Recuperación y Reinversión Estadounidense de 2009, por ejemplo, supuso un gasto de 831 000 millones de dólares y recortes fiscales destinados a impulsar la actividad económica.

La Reserva Federal (Fed) tomó medidas agresivas para apoyar la economía, entre ellas la reducción de los tipos de interés a niveles cercanos a cero y la aplicación de programas de flexibilización cuantitativa (QE), en los que compró grandes cantidades de valores públicos para inyectar liquidez en el sistema financiero.

Si bien las medidas de la Fed tenían por objeto estabilizar el sistema financiero y promover la recuperación económica, también respaldaron eficazmente las necesidades de financiación del Gobierno al mantener bajos los tipos de interés. Esto abarató el coste de la financiación de la creciente deuda pública.

La Segunda Guerra Mundial

Otro ejemplo histórico es el periodo durante y después de la Segunda Guerra Mundial:

El gobierno de los Estados Unidos aumentó considerablemente su gasto para financiar el esfuerzo bélico, lo que provocó importantes déficits presupuestarios y un aumento espectacular de la deuda pública.

La Fed mantuvo los tipos de interés bajos durante toda la guerra para ayudar al Gobierno a financiar su gasto. Esto se hizo mediante un acuerdo conocido como el Acuerdo entre el Tesoro y la Fed, en el que la Fed se comprometió a mantener los tipos de interés bajos para apoyar el endeudamiento del Gobierno.

Después de la guerra, la necesidad de gestionar y pagar la elevada deuda pública siguió influyendo en la política monetaria. Las políticas de la Fed durante este periodo estuvieron muy influidas por las necesidades fiscales del Gobierno, lo que supuso un periodo de dominio fiscal.

En ambos casos, las políticas del banco central se vieron significativamente influenciadas por las medidas fiscales del Gobierno, lo que ilustra el concepto de dominio fiscal, en el que las necesidades de la política fiscal prevalecen sobre los objetivos tradicionales de la política monetaria del banco central.

En resumen, el dominio fiscal se produce cuando la política fiscal, especialmente el endeudamiento y el gasto excesivos del Gobierno, limita la capacidad del banco central para llevar a cabo una política monetaria independiente y eficaz. Esto puede dar lugar a una mayor inflación y a la inestabilidad económica.