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Una paridad flexible describe el tipo de régimen cambiario aplicado a una moneda para mantener estable su valor frente a una moneda de reserva o una cesta de monedas.

Las monedas con un tipo de cambio flexible se encuentran a medio camino entre las que tienen un tipo de cambio fijo o rígido y las que tienen un tipo de cambio flotante.

La principal diferencia entre las monedas con tipo de cambio fijo y las monedas con tipo de cambio flexible es que los sistemas de tipo de cambio fijo ofrecen un grado limitado de flexibilidad en la política monetaria para permitir a los gobiernos y a los bancos centrales hacer frente a las crisis económicas.

Una paridad flexible puede aplicarse a la moneda de reserva dentro de un rango estrecho o amplio. El rango suele modificarse con el tiempo, en función de las tasas de inflación internacionales.

Entre las monedas con paridad flexible se encuentran el bolívar venezolano y el dólar de Hong Kong (ambos vinculados al dólar estadounidense).

El yuan chino es una moneda con paridad flexible interesante, ya que está vinculada de forma flexible al dólar estadounidense, pero también se considera una moneda de reserva.

Cualquier tipo de paridad puede ser vulnerable a las crisis financieras, que pueden provocar una devaluación significativa o incluso llevar a las instituciones a abandonar la paridad.

Ejemplos famosos de acontecimientos como estos son la crisis argentina de 2001 y la decisión del Banco Nacional Suizo de abandonar la paridad con el euro en 2015.