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Grexit es un acrónimo formado por las palabras «Grecia» y «salida», y hace referencia a la hipótesis de que Grecia abandone la eurozona.

El término se utilizó por primera vez en 2012, cuando Grecia se enfrentaba a una grave crisis económica durante la crisis de la deuda europea. En aquel momento, se especulaba con que Grecia podría verse obligada a abandonar la eurozona para evitar el impago de su deuda.

Grexit fue acuñado por Ebrahim Rahbari, de Citigroup, en febrero de 2012 y apareció por primera vez en un artículo escrito por Rahbari y el economista jefe de Citi, Willem Buiter.

El Grexit tendría una serie de consecuencias para Grecia y la eurozona.

Para Grecia, significaría la pérdida del acceso al euro, lo que dificultaría el acceso al crédito y el comercio con otros países.

También supondría una fuerte devaluación del dracma griego, lo que haría más competitivas las exportaciones griegas, pero también encarecería las importaciones.

Para la eurozona, el Grexit sería un importante revés. Socavaría la confianza en el euro y podría provocar la salida de otros países de la eurozona. También dañaría la economía de la eurozona, ya que Grecia es un importante socio comercial para otros países de la eurozona.

Al final, Grecia logró evitar la salida, pero la posibilidad de que esto ocurra sigue pesando sobre la eurozona.