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La inflación se define como el aumento generalizado de los precios de los bienes y servicios durante un determinado período de tiempo.

A medida que el nivel general de los precios sube, el poder adquisitivo de cada unidad monetaria disminuye.

Por ejemplo, si con un dólar estadounidense se podían comprar dos barritas de chocolate en 2000 y solo una en 2020, ¡acabas de experimentar la inflación!

La mayoría de los economistas coinciden en que la inflación se debe principalmente al crecimiento desequilibrado de la oferta monetaria con respecto a la tasa de expansión económica.

Otras razones incluyen la demanda excesiva de bienes y servicios y la disminución de la disponibilidad de la oferta durante las épocas de escasez.

La inflación tiene efectos positivos y negativos, dependiendo de cómo afecte a las personas.

Por ejemplo, una inflación alta es beneficiosa para los prestatarios, ya que disminuye el valor real del dinero que pagan a sus prestamistas. La deuda se abarata.

Los consumidores, por otro lado, se ven claramente perjudicados por la alta inflación, ya que erosiona su poder adquisitivo.

En el mercado de divisas, la cuestión de la inflación es muy importante porque es uno de los principales factores que tienen en cuenta los bancos centrales a la hora de determinar los tipos de interés.

Mantener los niveles de inflación constantes y bajo control es responsabilidad del banco central, que generalmente trabajará para alcanzar un objetivo de inflación.

La inflación se mide normalmente mediante un índice de precios al consumo (IPC), que registra el coste de una cesta de bienes y servicios de consumo.

Los cambios en la inflación pueden tener un gran impacto en los mercados financieros, ya que afectan al poder adquisitivo y pueden provocar cambios en la política monetaria de un banco central.