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Las empresas comerciales, a diferencia de otros participantes en el mercado, forman parte del 10 % de los agentes del mercado que no participan en los mercados de divisas con fines lucrativos. Más bien lo hacen para cubrirse frente al riesgo. Estas empresas realizan transacciones tanto en los mercados de futuros como en los de contado para sus operaciones diarias. Lo necesitan para pagar a los proveedores de materias primas, así como para pagar a los empleados de diferentes países.
Por ejemplo, la empresa A (una empresa con sede en EE. UU.) necesita comprar acero de Australia, pero necesita dólares australianos para completar la transacción. La empresa comprará entonces AUD en el mercado al contado para poder completar la transacción.
Otro ejemplo sería una empresa que necesita acero dentro de seis meses. El problema es que la empresa tendrá que hacer frente a posibles variaciones en los tipos de cambio si decide comprar en el futuro. Para protegerse de los posibles riesgos cambiarios, la empresa puede comprar un contrato de futuros que fije el tipo de cambio. Aunque la empresa puede perder si el AUD se debilita en los próximos seis meses, también se protege en caso de que la moneda se aprecie. Por lo tanto, el uso de contratos de futuros ayuda a eliminar o limitar los riesgos cambiarios.